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Ernesto Pedrosa Silva: “A transferencia de coñecemento é a gran materia pendente, onde residen enormes potencialidades e á que hai que prestar todas as axudas posibles”

05 12 2014. Categorías: Discursos, Discursos 2014

 Discurso de D. Ernesto Pedrosa Silva do día 27 de novembro  na  xornada “El ecosistema de innovación gallego y los mecanismos de transferencia”, que tiña o obxectivo de dar a coñeocer e profundizar no estado actual do ecosistema de innovación galego, así como facilitar o encontro directo.

 

Xornada “El ecosistema de innovación gallego y los mecanismos de transferencia”

Intervención de D. Ernesto Pedrosa Silva

Aborda este encuentro  una cuestión  tan vital  a día de hoy para las universidades como imprescindible para las empresas. Ambas partes han acudido a la llamada social, y están aquí representadas desde el convencimiento de que la transferencia de conocimiento es gran asignatura pendiente, donde residen enormes potencialidades y a la que hay que prestar todas las ayudas posibles.

Afortunadamente hemos salvado ya la controversia con la que llegó el Plan Bolonia, que polarizó críticas hacia la empresa ante el temor de que con  la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior  los universitarios serían educados en función de las necesidades de las empresas, que la enseñanza quedaría en manos del empresariado, que las empresas dominarían la Universidad y hasta que en poco tiempo tendríamos un sistema universitario totalmente mercantilizado.

Hoy parece claro que era un error  basar esa gran transformación del sistema universitario en una ecuación tan sencilla como Plan Bolonia es igual a Empresa, porque se partía de un grave error de concepto, de contenidos y de objetivos. El desafío era la coordinación. El reto era el acercamiento entre planes de estudio y la realidad,  empresarial sí, pero también social. Es cierto que las empresas pasan a ser actores principales con el Plan Bolonia, pero éste es su status natural, y no el de actores de figuración; el de extras; papel que han venido repitiendo con cada reforma y con cada uno de los sucesivos planes de estudio. Acotar la conexión entre la Universidad y el mundo empresarial, reducirla a prácticas voluntarias y a unos pocos convenios surgidos de la buena voluntad de las personas, como ocurría hasta ahora, conducía a la utopía aquel viejo sueño de la transferencia de conocimiento. Pero a pesar de las primeras dificultades y de las muchas dudas que generó el proceso de adecuación universitaria, la filosofía de base es muy válida. Resulta razonable esperar una mejora cualitativa de la enseñanza. Una mejora que podrá medirse no sólo en rentabilidad económica, sino lo más importante, en un refuerzo del conocimiento.

Y aquí estamos, con el corazón empresarial y el universitario latiendo juntos. Tendiendo puentes para que la transferencia de conocimiento fluya. Para que la investigación se pueda convertir en producto. 

El último estudio sobre el modelo de transferencia de tecnología  vigente en España, auspiciado por la Conferencia de Consejos Sociales de España y la Red de fundaciones Universidad-empresa, advierte que a las universidades españolas les queda mucho camino en este campo para acercarse al nivel de otros países europeos. Y no se trata de compararse al nivel de universidades como Oxford, donde los profesores obtienen una buena parte de los salarios a través de las colaboraciones con empresas. Pero sí se debe observar que el ingreso medio de las universidades españolas por actividad investigadora fue de 38.400€ en el período analizado, mientras la media en Europa era de dos millones, y en EE.UU., de 10 millones.  Es verdad que hay universidades que van muy por delante de otras, -la de Vigo, por ejemplo, sobresale por la notable captación de fondos que le permiten sus reconocidos méritos investigadores en varios campos-, pero las autoridades educativas han tenido que admitir las recomendaciones del estudio: acercar más la actividad de universidades y empresas, internacionalizar la oferta cuando el tejido empresarial local no puede hacerse cargo de la inversión, incentivar la transferencia con modificaciones legales, subvencionar los trámites de obtención de patentes, incorporar perfiles comerciales en los departamentos de investigación para que concilien conocimientos y demandas, y definir una estrategia a medio y largo plazo “porque se tarda una media de 25 años en conseguir que las universidades obtengan beneficios netos de sus departamentos de investigación”.

 Como conclusión, que las universidades pueden y deben trabajar más para que la transferencia sea una fuente de ingresos más relevante, porque los beneficios no están solamente en generar riqueza y empleo, promover el emprendimiento y la innovación, incrementar el acceso a fondos o aportar personal cualificado. También favorece la divulgación científica, que  permite saber lo que conocemos, y, aún más, lo que queda por descubrir, la única manera de comprender el mundo que nos rodea, porque la investigación y la comunicación de los saberes que vamos acumulando es el más fructífero y valioso mensaje que puede transmitir hoy la universidad, el mejor medio para interesar y la propuesta más valiosa para que la sociedad la entienda y la valore.

También quienes tienen relación con el ámbito empresarial conocen de primera mano que no existe mayor frustración que la de no encontrar trabajadores cualificados para expandir negocios y para generar riqueza. Paralizar una idea rentable, congelar una inversión, frenar un plan de negocio y desmontar un proyecto por falta de profesionales cualificados constituye el indicador más claro de que el modelo social no funciona, de que el sistema formativo está agotado y de que la transferencia de conocimiento no llega a las empresas en la medida deseable.

Así pues, la transferencia, entendida como capacidad de convertir los resultados científicos de la investigación en productos para el mercado, es ahora la llamada tercera misión básica de las universidades. Y hablamos de transferencia de conocimientos, pero también de personas y de tecnología. Hacia ese nuevo escenario y hacia estas nuevas aportaciones habrá que llevar a la Universidad, por caminos tan acertados como el que hoy nos reúne aquí.  Es de justicia que  termine señalando que la Universidad de Vigo está haciendo bien su trabajo en este terreno (y en el programa de este encuentro está la prueba), y que la Asociación de empresarios de Pontevedra actúa con un alto sentido de compromiso acogiendo, promoviendo y compartiendo este acto con el Consello Social. Porque este es el lugar idóneo para que la transferencia germine.