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Ernesto Pedrosa Silva: “el reto es el acercamiento entre los planes de estudio y la realidad empresarial sí, pero también la social”

30 10 2014. Categorías: Discursos, Discursos 2014

Discurso de D.Ernesto Pedrosa Silva no acto de inauguración das XIII Xornadas Internacionais sobre o Asociacionismo nos Programas Universitarios para Mayores que tivo lugar o pasado día 17 de setembro no Teatro García Barbón de Vigo, no que presenta a Eduard Punset.

XIII Xornadas Internacionais sobre o Asociacionismo nos Programas Universitarios para Maiores

Intervención D.Ernesto Pedrosa Silva 

Alcalde de Vigo, conselleira de Traballo e Benestar de la Xunta de Galicia, Rector de la Universidad de Vigo, presidente de la asociación de alumnos Aulas de Formación Aberta, presidente de la Confederación de Asociaciones de programas universitarios de personas mayores

Buenas tardes,

Ante la dimensión del papel que me han encomendado para que desempeñe hoy aquí, creo que lo mejor es que comience por el final, con mi reconocimiento y mi gratitud a los organizadores, a los profesionales que aportan y comparten su valiosa experiencia y a estos alumnos tan especiales que han decidido confiar en la Universidad porque en ella encontrarán explicaciones, motivaciones y razones para seguir adelante. Les felicito por su vida universitaria activa y por perseverar, aunque solo sea porque la memoria hay que cultivarla ya que el olvido crece solo.

Como presidente del Consello Social sostengo que los alumnos –en todos los niveles y en todos los aprendizajes- son uno de los componentes más sensibles y más dinámicos de cualquier Universidad. En ellos reside el mayor potencial porque son los mejores transmisores de los beneficios que la institución universitaria debe reportar a su entorno, a la sociedad; y porque ellos serán el reflejo más fiable del éxito o fracaso del modelo universitario. Y si esto sirve para los jóvenes estudiantes, con más razón ha de ser aplicado a los mayores que se desenvuelven en ámbitos con retornos más sólidos y de más largo alcance.

Creo que de nada sirve crear un espacio uniforme para las universidades europeas, ni arbitrar los mejores planes de estudio, ni unificar facultades, ni dar pasos decisivos para la homologación o racionalización de títulos, si al final no conseguimos una universidad enriquecida y conectada con el sistema productivo, con la vida empresarial, con el mercado de trabajo… pero sobre todo con el pulso de la sociedad.

Hemos vivido como la controversia con la que llegó el Plan Bolonia fue subiendo de tono. Así, hemos escuchado que con la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior  los universitarios serían educados en función de las necesidades de las empresas, que la enseñanza quedaría en manos del empresariado, que las empresas dominarían la Universidad y hasta que en poco tiempo tendríamos un sistema universitario totalmente mercantilizado.

En mi opinión personal, el reto es el acercamiento entre planes de estudio y la realidad,  empresarial sí, pero también social. Es cierto que las empresas pasan a ser actores principales con el Plan Bolonia, pero éste es su status natural, y no el de actores de figuración; papel que han venido repitiendo con cada reforma y con cada uno de los sucesivos planes de estudio. Acotar la conexión entre la Universidad y el mundo empresarial, reducirla a prácticas voluntarias y a unos pocos convenios surgidos de la buena voluntad de las personas, como ocurría hasta ahora, acaba por convertir en pura utopía aquel viejo sueño de la transferencia de conocimiento. Pero a pesar de las primeras dificultades y de las muchas dudas que generó el proceso de adecuación universitaria, la filosofía de base es muy válida. Resulta razonable esperar una mejora cualitativa de la enseñanza. Una mejora que podrá medirse no sólo en rentabilidad económica, sino lo más importante, en un refuerzo del conocimiento en un nivel amplio de la sociedad.

Sin olvidar el conocimiento, quiero resaltar también la formación humanística y la labor de cohesión social que ofrece la educación superior y cómo con ustedes contribuirá a fortalecer la base cívica de nuestra sociedad y abrirá caminos  para evitar desigualdades en la vertiginosa sociedad del conocimiento, para resolver problemas reales,  para crear espacios para la reflexión y la creatividad en una sociedad justa y de progreso, y para la mejor comprensión del complejo mundo que habitamos.

Y ustedes mismos son el más valioso argumento y la mejor garantía de que la universidad transita por el camino correcto. El acercamiento que ustedes hacen a la educación superior, cómo aprovechan su saber, cuánto le piden y cuánto les da transforma la existencia misma de las universidades, ensancha su legitimidad social y determina en buena medida su rentabilidad pública. A través de ustedes, en esta época de planicies vitales, la universidad se convierte en un sentimiento vertical dentro de la sociedad y en una forja de valores especialmente saludables para la convivencia y la calidad de vida de todos nosotros.

Debemos asumir, por tanto, que el futuro está basado en una buena formación, que debe ser inculcada a través del conocimiento, pero también de los valores y las fortalezas. Así que aquí estamos, para complementar los modelos educativos, para amplificar las posibilidades, para fraguar profesionales competentes…y  ciudadanos responsables, instruídos, capaces, solidarios, libres y comprometidos. Y en ellos, y con ellos, (es decir, con ustedes) la sociedad reconocerá mejor a su Universidad y le otorgará la confianza y el apoyo que tanto necesita. Especialmente en estos momentos en los que están cambiando sus fundamentos y necesitan descubrir una versión nueva y útil y que aprendamos a mirarlas de otra manera.

Hacia ese nuevo escenario y hacia estas nuevas aportaciones complementarias  habrá que llevar a la Universidad, por caminos tan acertados como el que hoy nos reúne aquí en este curso, para que no solo abra posibilidades de empleo, sino que faculte y enseñe,  que también forme y pueda ser percibida como una marca útil y generadora de valor, capaz también de proporcionar calidad de vida, mejores conductas, oxígeno moral, principios y una base hermenéutica mínima para observar el mundo.

Constatamos, pues, que cada vez en mayor medida los ciudadanos reclaman otros modelos educativos, más flexibles y adaptados a las nuevas circunstancias vitales. La sociedad irrumpe con fuerza en la búsqueda del conocimiento. Y las universidades comienzan a anticipar respuestas. Los programas comienzan a adecuarse a las necesidades de un mayor número de personas, y en particular a las demandas de la población adulta que demanda formación en la etapa intermedia de su vida laboral, por necesidad profesional o por el simple y puro placer de saber más.

Una rápida mirada alrededor evidencia que estudiar por vocación es ya una tendencia poderosa, a la que las universidades intentan adaptarse a gran velocidad, aunque bien es cierto que en nuestro entorno el marco legislativo va más lento y está poco desarrollado, además de que la financiación pública está aún en mínimos. Este contexto adverso tiene reflejo en la baja participación de la población adulta española en los programas universitarios respecto a la media de la UE. Pero la estadística no empequeñece la explosión producida por el ansia de saber, que se multiplica curso a curso, hasta el punto de crear un movimiento con volumen suficiente para alumbrar ya las primeras estadísticas: quienes estudian por gusto prefieren la ciencia teórica y las humanidades.

En los actos de graduación acostumbro a repetir a los alumnos que no olviden nunca que el título que reciben no es más que una certificación que acredita que están capacitados para seguir aprendiendo el resto de sus vidas, luego les felicito y felicito también a sus padres, tíos o abuelos que les acompañan. Ahora empiezo a ver que pronto tendré que dirigir estas últimas felicitaciones a los hijos, sobrinos o nietos de los graduados. La Universidad está, verdaderamente, ante un gran cambio. Y con ella la sociedad. En ese escenario, ustedes son los grandes actores de este tiempo.

Actos como estas Jornadas que promueve la Asociación de alumnos del Programa de mayores de la UVigo son un valioso testimonio de los tiempos que vivimos, y nos inducen al optimismo porque ayudarán a un cambio que a las universidades les cuesta, porque harán posible que desaparezcan los  discursos de sospecha y desconfianza entre la Sociedad y la Universidad, porque es necesario que la mejora de las prestaciones universitarias y las esperanzas de los ciudadanos caminen juntas, y que la calidad y la rentabilidad de los recursos empleados en la enseñanza superior alcancen niveles óptimos. Porque creo que las universidades no alcanzarán plenamente sus objetivos hasta que  consientan que la sociedad las entienda, las integre, las quiera y las sienta útiles. Y este encuentro es un camino nuevo de altísimas prestaciones, porque el  intercambio que se produce en este marco concentra energías y afectos imbatibles en esa causa.

Y empiezo a terminar por donde debía haber empezado, correspondiendo al honor que tan generosamente se me ha concedido para presentar a Eduard Punset. Y ahí me surgió el gran dilema. ¿Cómo presentar a quién Wikipedia ofrece acceder hasta por treinta categorías distintas, que fácilmente pueden llegar hasta el medio centenar, en tan diversas referencias que van desde consejero de la Generalitat hasta nacidos en el 36?. ¿Cuál elegirían ustedes como su faceta más relevante: escritor,  político, eurodiputado, jurista, presentador de televisión, profesor, ministro, divulgador científico, economista, periodista de la BBC, militante del PCE, de UCD o del CDS, empresario, productor audiovisual, representante del FMI, doctor honoris causa, director de revistas, consejero de empresas….?.

Abrumado por la enciclopedia digital, opté por guiarme por una reflexión de su propia autoría que dice “Es probable que las mejores decisiones no sean fruto de una reflexión del cerebro, sino del resultado de una emoción”. Y por ese camino avancé para dibujar una aproximación a la admirable e incomparable trayectoria, presencia e incidencia de Eduard Punset en nuestras vidas. En tres dimensiones:

Primera: EL HOMBRE que en 2009 recibió el Premio Humano, que le fue concedido por TVE, decía el jurado,  “por su virtud para hacernos entender los misterios de la vida y los avances técnicos de forma atractiva y sencilla. Gracias a sus programas sabemos cómo ser un poco más felices o entender por qué somos como somos. A sus dotes de gran comunicador científico hay que sumar su gran calidad humana y la entereza y afán de superación que ha demostrado hasta en los momentos más difíciles”. Ese es Eduard Punset.

Segunda: EL CIENTÍFICO adelantado que ha conseguido hablar de modo comprensible, ameno y atrayente. Es muy importante que la sociedad valore el papel de los científicos como motor de progreso, de calidad de vida, de ejemplo de laboriosidad y de dedicación y también de ilusión por el trabajo honesto y bien hecho. Además juegan además un papel crucial para que las universidades sean conocidas, valoradas,  y  puedan superar la anémica relación que tienen con la sociedad . En un mundo tan mediático, la importancia de un periodismo científico que filtre las noticias y transmita las que son verdaderamente importantes, es vital. De igual modo, la divulgación científica que permita a la gente saber lo que conocemos, y, aún más, lo que queda por descubrir, es la única manera de hacernos comprender el mundo que nos rodea, y poder juzgar críticamente lo que nos dicen, lo que es igual a ser más libres. Eso hace Eduard Punset.

Y la tercera dimensión  para hacer este retrato personal sería la AUDACIA, la LUCIDEZ, quizá la RESILIENCIA, esa capacidad para lanzarse hacia la excelencia personal y profesional atravesando la adversidad, sin desfallecimiento y con determinación, que en tantas ocasiones le ha permitido adelantarse a su tiempo. Entre los muchos ejemplos que podría mostrarles, he elegido uno que refleja ese espíritu innovador e indomable de Eduard Punset: el Altea-Eko, el primer avión no tripulado, el primer dron controlado de forma remota, que consiguió en Europa la primera matrícula de Aviación Civil para navegar por el espacio ¡seis! años después de haber sido diseñado y construido por la empresa de la que nuestro invitado es Consejero delegado, porque en España no había entonces legislación que permitiera echarlo a volar sin incurrir en delito contra la seguridad aérea. ¡Seis años de paciente espera!. Hoy, esos aviones son una esperanza cierta para combatir los incendios forestales.

 Bien, pues consciente de que los hechos son los hechos, y la realidad es la percepción de los hechos, creo, Eduard, que es usted un privilegio, quizá incatalogable, en cuyo caso confío en su benévolo juicio sobre mis palabras. Y creo que esto es todo lo que les quería decir.

Tengo el placer de dar paso a  Eduard Punset.

(Vigo, 17 de setembro 2014)