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Discurso de Ernesto Pedrosa na inauguración do XIII Curso Complementario de Comunicación y Protocolo celebrado en Pontevedra

ERNESTO PEDROSA SILVA

“Buenos días:

Les confieso de entrada que mi asistencia a este foro como presidente del Consello Social es de las que me producen mayor satisfacción a lo largo del año. Porque veo representada una imagen fiel de la universidad, de sus esencias, de sus posibilidades y de las esperanzas colectivas que nos genera.

Les adelanto también que soy de los que confían en la universidad como fábrica de soluciones. No digo que ella sola nos salve del modelo social especulativo al que ahora se culpa de habernos metido en el túnel en el que estamos; pero estoy seguro que dispone de la capacidad suficiente para alumbrarnos y señalarnos las salidas.

Casi nadie discute que el futuro está basado en la buena formación de los profesionales, y el conocimiento debe ser la base del desarrollo social de los pueblos. La formación es, pues, la misión básica de las universidades, y el conocimiento su mejor herramienta. A partir de ahí debe innovar, transformar ese conocimiento para dar soluciones a los nuevos problemas que crean los cambios constantes que nos apremian por el paso del tiempo

Pero hay un elemento al que otorgo singular importancia en la misión de las universidades: la formación de ciudadanos con espíritu crítico, instruidos, solidarios, libres y comprometidos. La universidad no debe desatender la formación educadora y humanística.  La universidad no debe ser ajena a los grandes problemas que se ciernen sobre el mundo globalizado al que viajamos más deprisa de lo que nuestra capacidad de aportar soluciones aconseja. La universidad no puede dar la espalda a los grandes riesgos que se nos presentan, ni a las enormes simas morales que se abren ante nosotros. La universidad no puede asistir impasible a las dificultades, ni ser insensible a las carencias más elementales. La universidad está obligada, como mínimo, a no callar ante las agresiones de cualquier tipo que amenacen la convivencia, la esperanza o el futuro; en cualquier lugar que se produzcan. Y la comunicación y el protocolo resultan esenciales en este discurso.

Pero no es menor la responsabilidad de los alumnos. Ahí es donde gravitan las mayores preocupaciones y las mayores esperanzas. Desde el Consello Social de la Universidad de Vigo sostenemos la convicción de que los alumnos son la piedra angular de la enseñanza superior, porque constituyen el reflejo más fiable del éxito o fracaso de una universidad.

Quizás sea el momento de detenernos a pensar qué queremos que sean capaces de hacer nuestros mejores alumnos, y a partir de ahí, ser capaces de presentárselo  como retos necesarios para su aprendizaje, empezar a diseñar, el programa de acciones prácticas, los factores de motivación que debemos desarrollar, los niveles de exigencia personal que habremos de reclamar y los reconocimientos que vamos a poner en marcha, para que sean ellos los que empiecen a aprender.

Y a su vez, eso representa el recomponer la figura del profesor, la del espacio, la de los tiempos y por supuesto la de la organización y la planificación para que sean recursos de apoyo al aprendizaje autónomo que nuestros alumnos han de desarrollar.

Es cierto que no somos responsables de lo que nuestros alumnos aprenden, porque es un compromiso personal que han de adquirir, pero es bien cierto  que sí somos responsables del contexto para que aprendan.  Nuestra responsabilidad pasa porque nuestros alumnos sean capaces de responder a los “para qué” (para qué estudias, para qué haces esto, para qué te preparas, para qué vienes a la universidad,…), de forma que sus respuestas los proyecten hacia el futuro y a la asunción de su compromiso, y a la vez para que dejen de responder a “por qué”( por qué estudias, por qué haces esto, …), que lo único que favorecen es la excusa y el desinterés.

La profesora  Lynda Gratton, una de las pensadoras de negocios más influyentes lo resume este escenario en que  ”quién quiera un trabajo deberá inventarlo a su medida” o en que “Debemos reinventarnos. Tomar decisiones drásticas y afrontar las consecuencias. La generación que tiene ahora entre 20 y 30 años no tiene perspectivas sólidas. Es una realidad y hay que adaptarse. El mundo se ha convertido en un lugar donde el conocimiento es lo que más se valora. Se vende y se compra. Para hacerse con él hay que esmerarse en aprender constantemente” .

Hoy la educación tiene que aspirar a realizar la conexión entre lo que se sabe, o se puede llegar a saber, con lo que se hace o se va a poder hacer. Eso es lo que nos hace competentes en un determinado conocimiento y por lo tanto ser capaces de transformarnos (aprendizaje) para tener más poder de resolución ante lo que se nos presenta. Porque una cosa es saber algo y otra distinta prepararse para hacerlo. Esta  capacidad de aprender  (lo que se llama el saber) es también la competencia que más valoran las empresas. Los indicadores dicen que importa más  que los conocimientos teóricos y prácticos adquiridos a la hora de acceder al mercado laboral.

Y no es esta una reflexión nueva en el ámbito de la formación, porque ya Confucio dejó dicho hace 2.500 años: “Me lo contaron, y lo olvidé; lo ví, y lo entendí; lo hice, y lo aprendí”. Magistral reflexión que  25 siglos después nos vuelve al mismo punto.

Bien, pues a ese objetivo contribuyen estas Jornadas, que desde el Consello Social de la Universidad de Vigo consideramos especialmente valiosas. Porque queremos apuntalar el intercambio entre la institución y su entorno. Este Curso profundiza en la complicidad creadora que queremos establecer entre la Universidad de Vigo con ustedes para que también nos transmitan el valor del aprendizaje y el conocimiento.

La universidad hace bien cuando interviene en los procesos educativos abiertos fuera de las aulas y de las edades estudiantiles. Y tiene una responsabilidad especial con su entorno, con nuevas metodologías docentes orientadas al aprendizaje durante toda la vida, con la actualización de conocimientos y con las competencias. En iniciativas como esta  es posible debatir, descubrir, compartir, aplicar, comunicar,  liderar saberes, reflexionar  y forjar cultura. Y, por si fuera poco, fortalecen la cohesión social, la igualdad de oportunidades y la comprensión del mundo que habitamos.

En encuentros como este se reconocen los esfuerzos  divulgativos de la Universidad para que su trabajo y su aportación al colectivo social sean reconocidos, apreciados y –sobre todo- valorados.  Son actos sustentados en la indudable autoridad del mundo universitario a la hora de informar y formar, en los que se construye conocimiento nuevo y experiencias que no se pueden estudiar en las aulas. Actos en los que todos somos alumnos que nos formamos a lo largo de toda la vida.

Pero queremos que la universidad sea también una instancia libre de pensamiento, de  investigación y de difusión, impregnada de valores, comprometida y que nos enseñe a vivir en una globalización a la que viajamos más deprisa que nuestra capacidad de aportar soluciones.

En esta arquitectura nuclear encuentra abundantes espacios la misión de los Consejos Sociales porque conviene a la Universidad y a la Sociedad encontrarse en todos los campos posibles, y a ese objetivo nos debemos aplicar. En el Consello Social de la Universidad de Vigo hemos incorporado además la búsqueda de la utilidad en nuestras acciones. Conferimos un sello especial a las iniciativas que estimulen y faciliten el debate, la reflexión, el análisis y el aprendizaje para saber vivir juntos; y añadimos esfuerzos a la creación de espacios de encuentro que lo hagan posible.

Convencidos de que desde la Educación debiera inculcarse el aprendizaje del respeto y la comprensión hacia lo común, y fortalecer el valor de lo compartido, la responsabilidad social o la igualdad canalizan también nuestras expectativas y son caminos que hemos iniciado, convencidos del potencial educador que se debe exigir a la Universidad.   Laformación integral de ciudadanos se hace tan necesaria como romper el tabú existente en torno al concepto comercialización en el ámbito académico. No deberíamos transmitir conocimientos solamente en las asignaturas, sino también a través de las relaciones con los estudiantes, para despertar en ellos la preocupación por un presente y un futuro más humanos y sostenibles. Compromiso, convicción y generosidad deben forjar su visión del mundo y constituir el germen del cambio en los comportamientos. Al salir de las aulas, los alumnos deberían ser devueltos a la sociedad con formación en contenidos educativos, pero también en sensibilidades éticas firmes. Enseñados y educados.

No basta con hacer investigación sobre las personas y los problemas, se debe investigar con las personas y encontrar soluciones a los problemas.  Algunas universidades están replanteándose ya sus métodos de enseñanza, reorientando la educación para tratar la sostenibilidad como una actividad académica comprometida a fondo conla sociedad. La Universidaddebe poner a punto los conocimientos pertinentes para la comprensión de un mundo tan complejo e incierto.

Así que –y voy terminando- es imprescindible estar hoy aquí. Porque conocerla Universidad, acercase ala Universidad, desentrañar sus propios ritos, su peculiar lenguaje, el modo en que esta institución adorna, arropa y desarrolla sus acontecimientos más solemnes en cumplimiento del mandato que recibe de la sociedad como guardadora del saber, investigadora y divulgadora del conocimiento científico y humano, crea cultura, fomenta la convivencia y acredita las esperanzas .

Al  ver el programa y la elevada presencia de ponentes de tanto prestigio, se me ha ido el pensamiento inevitablemente hacia los rankings  tan de moda  que intentan decirnos qué universidades destacan.  Si  los indicadores con los que se elaboran esos rankings atendieran a la especificidad de cada una de las 17 mil universidades que debe haber hoy en el mundo,  y evaluaran actos como este, seguro que en cada una de ellas encontrarían algo que justifique suficientemente su utilidad.

En nuestro caso, ejemplos como el excelente nivel de Jornadas como esta, a nosotros  nos deben ayudar a superar complejos y evitar melancolías: universidades buenas habrá muchas, pero nosotros ya tenemos una, la nuestra,  la que nos hace mejores. Ese debe ser nuestro ranking.

Enhorabuena, profesor Ramos. Su trabajo merece nuestro mayor reconocimiento. Porque usted también nos ilumina la salida del túnel.

Gracias por su atención.”