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Discurso do Presidente do Consello Social da Universidade de Vigo nas III Xornadas sobre Prensa e Xustiza celebradas en Ourense

11 03 2013. Categorías: Discursos, Discursos 2013

ERNESTO PEDROSA SILVA

“No es un fenómeno nuevo el interés noticiable –al que peligrosamente se han incorporado las tertulias televisivas- en todos los sucesos con relevancia penal, así como en el resultado de las investigaciones policiales realizadas para su esclarecimiento, y en la actividad desarrollada por los órganos jurisdiccionales. Lo que sí es nuevo es que  la libertad de información en este campo se ha desbordado.

Reconocido porla Constituciónel derecho a un proceso con todas las garantías, la información sobre un proceso judicial está amparada por el derecho constitucional a transmitir información veraz, pero tambien por el principio constitucional de publicidad de las actuaciones judiciales, una conquista frente a la “justicia de gabinete” del antiguo régimen, como garantía de los derechos frente al arbitrio judicial y eventuales manipulaciones. Los medios de comunicación informan a los ciudadanos de cuanto acontece ante  los tribunales de Justicia, y posibilitan así el control de la opinión pública, asegurando que los jueces cumplen las responsabilidades que se les han confiado y que sus decisiones se ajustan ala Ley.

El problema surge cuando se sustituye la jurisdicción estatal por el juicio mediático, cuando los medios asumen el papel que está reservado al Poder Judicial.

Los profesionales de la información no ignoran las tensiones. Buena prueba es la proliferación de códigos éticos y de normas de autorregulación, sobre todo para respetar la presunción de inocencia y la exclusión de los juicios paralelos. También de la parte judicial hubo abundantes intentos de facilitar la convivencia y se han plasmado abundantes criterios y requerimientos. ¿En qué supuestos es legítimo sacrificar la información de tribunales?;  ¿es el camino concienciar a los ciudadanos de que la única verdad oficial es la que asume la sentencia firme?; ¿es necesario crear un intermediario que suministre la información técnica a los medios?.

Pero sigue siendo demasiado habitual ver información que transgrede el desarrollo normal del proceso, o vulnera derechos fundamentales del acusado, ultimamente de forma más notoria en el campo dela televisión. Nadieduda de que los medios son grandes configuradores de la imagen que los ciudadanos tienen de su entorno, del mundo y de los ámbitos que lo forman. Así que la administración de Justicia llega a sufrir una pérdida de respeto muy dañina, sobre todo cuando su función se ve usurpada por medios que incitan al público a formarse una opinión prematura sobre el objeto de una causa pendiente de sentencia, cuando no le inducen directamente a un veredicto anticipado de la culpabilidad de una persona, con menoscabo de sus derechos básicos a la defensa, al honor, a la imagen o a la presunción de inocencia.

La opinión autorizadísima del magistrado Fernando Grande-Marlaska alerta de los riesgos de los juicios paralelos a los que califica de “patología porque atacan de forma indebida la presunción de inocencia o el derecho a un juicio justo, porque son una información continuada sobre imputados, estableciendo un estado de opinión sobre los hechos y su participación”. (No hay hechos, solo interpretaciones, que diría Nietzsche). Reconoce Grande Marlaska que no es fácil fijar las reglas entre la justicia y los medios de comunicación, porque se rigen por conceptos sobre la verdad y del tiempo muy diferentes y porque los medios son empresas privadas. Pero al mismo tiempo se declara partidario de que la administración abra puertas para que los medios orezcan datos a la sociedad “siempre y cuando los datos sean veraces y no perturben la investigación”.

Es evidente la negativa influencia que un juicio paralelo puede ejercer sobre la investigación y sobre la imparcialidad o independencia de los jueces y jurados, y por tanto en la confianza que los ciudadanos tienen enla Justicia. Eljuicio paralelo conculca además una garantía fundamental, como es el derecho a un juez imparcial. Aquí, la consagrada libertad del proceso puede convertirse en uno de los peores enemigos de la justicia democrática, al perturbar la objetividad de jueces y tribunales.

Y otro riesgo viene dado por la configuración de quienes se ven involucrados en un proceso penal y que requieren un tratamiento informativo adecuado; es el caso de los menores, de las víctimas de los delitos, los testigos o los miembros del Jurado. Al respecto han surgido algunas tentativas de imponer ciertos límites  a la información judicial, que no han prosperado en España, donde la libertad de información goza de un delicado trato preferente cuando entra en conflicto con otros intereses públicos. La jurisprudencia más reciente del TC ha matizado la noción del derecho  a la información como derecho preferente, incluso frente a aquellos con los que puede colisionar. El principio de publicidad de los juicios que establecela Constituciónes, por tanto, el criterio principal, cuyos límites habrá de administrar el órgano judicial.

Es verdad que hay ya límites a la publicidad del proceso penal  impuestos por las mismas leyes procesales, como el secreto sumarial, aunque su razón última no reside en salvaguardar al juzgador de las presiones externas de los medios, sino en la necesidad de garantizar la investigación para alcanzar la verdad de los hechos. Actualmente se tiende a un efectivo secreto de la fase sumarial frente a terceros; se distingue entre publicidad y publicabilidad: que las actuaciones sumariales sean secretas y se prohiba su publicación.

Sin negar las posibilidades del control ético, convendría una regulación precisa y cuidadosa que facilite el entendimiento. Hay que conciliar la libertad de expresión y el funcionamiento de la Justicia, porque como dijo Nietzsche “no hay hechos, solo interpretaciones”.  Mientras, parece urgente e imprescindible evitar la sustitución de los jueces por la prensa, tanto como no limitar la publicidad de las actuaciones judiciales. No cabe suprimir la información de tribunales, pero tampoco  (en virtud de una deficiente comprensión de la libertad de información) admitir una información que atente contra derechos básicos. Es necesaria pedagogía pública.

Bien, me complace muy especialmente participar en este acto; reconozco a la Universidad de Vigo en esta dirección de afrontar y aclarar el futuro, en el ejercicio de sus responsabilidades para comprender mejor el mundo y avanzar hacia una sociedad más justa y bien informada. Y agradezco a los organizadores y ponentes su magisterio en este campo porque le aportan a las Jornadas un nivel de excelencia que nos ayuda a superar complejos e incertidumbres y a no caer en la melancolía que tanto enferma estos tiempos.

Muchas gracias y enhorabuena.”

  • La libertad de expresión no puede legitimar la envilecedora destrucción de lo humano y la banalización o desnaturalización del delito. A los medios se les debe exigir veracidad y la aceptación inequívoca de que la justicia la imparten unicamente jueces y tribunales, y han de ser solo ellos quienes se pronuncien sobre la inocencia o la culpabilidad de las personas.
  • Debe imponerse que el único acto que puede quebrar la presunción de inocencia del acusado es la sentencia del tribunal que declara la autoría del delito.

 

  • Es necesario entender que el periodismo es una actividad casi ética. Siempre, pero más en este ámbito. Porque en todas sus decisiones está afectado el ser humano, especialmente los más débiles, los perdedores o las víctimas.

 

  • El viejo periodismo tenía una clara vocación de entrega y servicio; hoy  es más juzgador. Por ello, siendo cierto que la opacidad facilita los abusos de poder, los periodistas necesitan más que nunca conocer y aplicar sus obligaciones deontológicas, no pueden formarse en Sálvame.  Debe diferenciarse claramente, opinión de información, y no confundir los hechos con las interpretaciones.

 

  • Mientras haya periodismo de investigación, la verdad será posible; mientras haya análisis, crítica, denuncia, independencia y objetividad, la información será veraz, sabiendo que la veracidad de la información no es sinónimo de la verdad objetiva e incontestable de los hechos, sino reflejo de la necesaria diligencia en la investigación y la  búsqueda de lo cierto.