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Discurso de Julio Casado Linarejos no acto de investidura como Doutor Honoris Causa pola Universidade de Vigo

28 01 2013. Categorías: Discursos, Discursos 2013

JULIO CASADO LINAREJOS

“Sr. Reitor Magnífico,
Excmo. Sr. Conselleiro,
Excmo. Sr. Presidente do Consello Social,
Sres. Vicerreitores das Universidades de A Coruña, Salamanca e Santiago de Compostela,
Excmas. e Ilustrísimas autoridades,
Claustro e Membros da Comunidade Universitaria,
Queridos amigos,
Señoras e Señores:

Creo, con don Quixote, que o maior pecado que os homes poden cometer é a
ingratitude. Cando o andante cabaleiro e Sancho diríxense a Barcelona, aquel di: «Entre os pecados maiores que os homes cometen, aínda que algúns din que é a soberbia, eu digo que é o desagradecemento».

Non quero caer nese pecado e desexo que as miñas primeiras palabras sexan para expresar a miña profunda gratitude pola honra que a Universidade de Vigo faime aoacollerme no seu claustro.

A todos os que promoveron e apoiaron o meu nomeamento como Doutor Honoris Causa: ao Departamento de Química Física que fixo a proposta e no que teño tantos amigos, aos departamentos, facultades de Química e Ciencias que a apoiaron e ao Consello de Goberno que a fixo súa, a miña profunda gratitude.

Grazas, Reitor Magnífico, moitas grazas pola vosa xenerosidade.
Cando os méritos son presentados por un amigo son forzosamente esaxerados; por iso chámase laudatio e non descriptio. O profesor Mejuto cumpriu ben o seu cometido. Fixo unha laudatio construída sobre a amizade, esaxerando, en consecuencia, os meus merecementos.

Enunciar a miña gratitude ben sei que non é suficiente. Acompañareina co
compromiso de esforzarme en ofrecer á Universidade de Vigo o mellor que os meus estudos puidéronme deixar como pouso, e co desexo sincero de que a miña vinculación a esta casa sexa frutífera.

Son consciente de ser recibido nunha Universidade que, aos vinte e dous anos da súfundación, conta con infraestruturas homologables cos patróns internacionais máis esixentes e un selo de excelencia que, pola súa capacidade de captación de talento e potencial de transferencia, acaba de recibir a máxima cualificación, duplicando a taxa de éxito europea na captación de fondos, situándose no grupo de cabeza das institucións públicas do Estado no tocante á produtividade total.

Todo iso foi posible por contar esta Universidade con profesores, con científicos excelentes e altamente competitivos e cunha dinámica xestión.

Es una Universidad de excelencia, pues, la que me abre ahora sus puertas. Por elloquiero dedicar unas palabras a la búsqueda de la excelencia en la sociedad tecnológica del siglo XXI.

John Gardner, ex-Secretario de Salud, Educación y Bienestar de Estados Unidos, en su libro ya clásico «Excellence», reflexiona sobre cómo buscar, en una sociedad moderna y competitiva, estándares altos en educación, desarrollo y bienestar.

En el capítulo titulado ‘El amplio espectro de la excelencia humana’ Gardner escribe: «Si uno mira a un grupo de profesores que han alcanzado su madurez, observará que aquellos que son respetados en la comunidad científica han llegado a su auctoritas por muy distintas vías. Unos brillan por su creatividad, que les ha permitido lograr avances históricos en su área de investigación. Otros son honrados por sus extraordinarias dotes como docentes: sus studiantes son su más valiosa contribución a la Universidad y a la sociedad.
Otros son respetados -aunque quizá no muy amados- por su devastadora capacidad para la crítica…»

Buscar la excelencia en sus diversas formas y manifestaciones exige capacidad para detectarlas y evaluarlas.

Investigación y docencia, docencia e investigación, son vigas maestras de la
institución universitaria.

La búsqueda de una óptima armonización de la labor docente e investigadora es objeto de gran atención en las universidades de más alto gálibo. Y no es fácil. Con realismo lo refleja Wilshire en su espléndido libro ‘The Moral Collapse of the University.

Professionalism, Purity, and Alienation’:«En muchas universidades -escribe- la mayoría de los profesores se concentran en publicar y en el trabajo de los estudiantes graduados, directamente implicados en la investigación. Los alumnos no graduados frecuentemente son vistos como una rémora,
cuyas demandas de atención interfieren el trabajo personal».

El Prof. Derek Bok, antiguo Presidente de la Universidad de Harvard, se refiere así a esas dificultades de conciliación:«Veo continuamente cómo personas importantes del gobierno, la empresa o las fundaciones tratan de atraer a nuestros profesores para que colaboren con ellos como asesores y consultores; son las mismas personas que, luego, como padres de nuestros
estudiantes, se lamentan de que no dediquemos todo nuestro tiempo a la enseñanza de sus hijos».

Rector Magnífico, señoras y señores: Soy consciente de que no todos Vds. -que tienen la gentileza de escucharme- son químicos. Más aún, y por feliz circunstancia que pareciera buscada, comparto el honor de esta investidura con un eminente escritor.

No voy a glosar ahora lo que la Química es ni los hitos que jalonan su historia.
Voy a apoyarme en la idea integradora que de la Química tenía Arthur Kornberg, quien compartió el Nobel de Fisiología y Medicina con Severo Ochoa. En su artículo “Las dos culturas: Química y Biología”, publicado en Biochemistry, ha escrito: «Gran parte de lo que es la vida es comprensible si se expresa en el lenguaje de la Química. Es un lenguaje internacional, válido en todo tiempo y capaz de explicar de dónde venimos, lo que somos y hasta donde nos permitirá llegar el mundo físico. El lenguaje de la Química es bello y conecta las ciencias físicas y las biológicas».

En ese artículo Kornberg se refería a un libro publicado por el físico Charles Snow. Titulado precisamente «Las dos culturas», en su segunda edición, cuatro años después, apareció con el título «Las dos culturas: una segunda mirada».

Mientras que la ‘primera mirada’ percibía una neta separación entre los hombres de letras y los de ciencias, Snow preveía con optimismo una “Tercera cultura” que habría de salvar el hiato entre ‘la cultura de Letras’ y ‘la cultura de Ciencias’.

Así ha sido. John Brockman, autor del libro titulado «La Tercera Cultura», escribe que lo sucedido no es tanto que los intelectuales ‘literarios’ estén conectando con los ‘científicos’ como que la Ciencia es ya parte importante -cada vez más- de la sociedad de nuestro tiempo.

Es revelador en este sentido que la National Science Foundation haya incluido por vez primera en los criterios de evaluación de proyectos, junto al valor científico intrínseco de los mismos (Intellectual Merit), sus proyecciones sociales (Societal Outcomes) y su potencial capacidad de integrar campos de trabajo diferentes. De hecho, la nueva Directora del Área de Química, Dra. Gervay-Hague -quien tomará posesión de su cargo en julio de este año- es
una profesora especialista en la interfaz Química-Biología.

Albert Hofmann, descubridor accidental de la LSD, ha fallecido en 2008 a los 102 años. Descubrió la dietilamida del ácido lisérgico cuando trabajaba en los Laboratorios Sandoz de Basilea.

Había nacido la sustancia más controvertida del siglo XX. Amigo de Ernst Jünger y de Aldous Huxley, este último -autor de la famosa obra “Un mundo feliz”- pidió a su esposa que le inyectara LSD en los últimos momentos de su vida.

Steve Jobs fue un consumidor habitual de LSD. “Es una de las dos o tres cosas más importantes que he hecho en mi vida”, confesó alguna vez.

Convertida la LSD en un símbolo de la contracultura, su uso fue prohibido.
Prohibición calificada por Octavio Paz como persecución contra la conciencia.
Ciencia y Conciencia: Álvaro Cunqueiro, con su inmensa capacidad fabuladora,
describe el tranquilo silencio que un químico alemán, Emil Fisher, halló en Verona, la ciudad de Romeo y Julieta. Descubridor de un tranquilizante, la dietilmalonilurea, le dio el nombre de Veronal, en recuerdo de las calladas tardes de allá.

En abril de 2009 Karl Djerassi estuvo en Vigo. Es uno de los pocos investigadores distinguidos con los dos reconocimientos más importantes de Estados Unidos: la Medalla Nacional de la Ciencia y la Medalla Nacional de la Tecnología.

A lo largo de una entrevista con Istrvan Hargittai, éste le preguntó: ¿Cree Vd. posible contribuir a trazar un puente entre las dos culturas? Djerassi comentó:«Eso es, precisamente, lo que hago. La brecha entre el mundo de las Ciencias de la naturaleza y las humanidades es uno de los mayores problemas de la sociedad actual. El vacío entre profesionales de las Ciencias, que son una minoría social, y los intelectuales de letras es una de las causas de cierta aversión hacia la Química en algunos sectores de la sociedad contemporánea. Me encantaría poder transvasar conceptos de la cultura científica al mundo de quienes no parecen estar interesados en las Ciencias.» Por eso, añadía Djerassi, los temas científicos son también socioculturales y socioeconómicos.

En esta línea de pensamiento, en 2012, bajo el título Chemistry in Theater, Djerassi ha publicado dos obras de teatro cuyos argumentos tienen en la Química su leit motiv. La primera pieza, Insufficiency, transcurre en el Departamento de Química de una Universidad norteamericana donde, en torno a la Química física de las burbujas de champán (burbujología, se dice en la pieza teatral), se entrecruzan celos típicamente universitarios.Otro tanto sucede en la segunda, Phallacy, donde el conflicto surge entre químicos e historiadores del arte que contemplan desde diferentes perspectivas una estatua de bronce considerada de la época romana por el historiador y del Renacimiento por el químico. Argumentos y contraargumentos manejados por unos y otros son desopilantes.

Rector Magnífico, Señoras y Señores: En su Laudatio, el Prof. Mejuto, como un Fernando Botero de la palabra, me ha dibujado un perfil científico-docente de exagerado volumen.

Por ello voy a limitarme a perfilar a grandes rasgos mi trayectoria vital como docente e investigador.

Ingresé en la Universidad sin una idea muy clara de cuál iba a ser mi inmediata
andadura, aunque la Física me parecía particularmente atractiva.
Durante el entonces llamado Curso Selectivo, fui afortunado. La asignatura Química General me permitió asistir a las clases del Prof. Salvador Senent en la Universidad de Valladolid. Fue mi descubrimiento de la Química.

Primera encrucijada vital.

Toda encrucijada, como cruce de caminos, da miedo. Tanto, que hace 1300 años, San Martiño de Dumio, en estas tierras galaicas, prohibió a sus habitantes per trivia cereolum incendere, encender luces en las encrucijadas. Por eso, nos dice Cunqueiro, durante muchos siglos, los gallegos han querido acabar con el terror de la encrucijada levantando en cada una de ellas un cruceiro.

Acerté. Seguí el camino de la Química.

Segunda encrucijada: el Doctorado.

Sin duda, en Química física.

Elegí la Cinética química como área de trabajo y, bajo la dirección del Prof. Senent hice mi Tesis Doctoral.

Entonces -estoy hablando de los últimos años sesenta- eran pocas las tesis que
llegaban a leerse, sobre todo en el terreno de las ciencias experimentales. Las becas de doctorado eran escasas y la dotación de los laboratorios pobre.

Y a nadie se le ocurría enviar sus manuscritos a revistas internacionales. Aún
recuerdo mi alegría cuando vi citado en una revista de la American Chemical Society uno de los artículos resultantes de mi tesis publicado en los venerables Anales de Química.

Otra encrucijada: el trabajo postdoctoral.

Con una Ayuda de la Fundación Juan March para estudios postdoctorales en España trabajé durante dos años en una investigación que continuaba la de Tesis.

Más tarde, con una Postdoctoral Research Grant de la Fundación Juan March, viajé a Dinamarca.

Poder ir a un centro extranjero de élite como investigador postdoctoral era,
entonces, un gran privilegio.

Fui muy afortunado al ser admitido en el grupo de investigación que, en el Instituto Ørsted de Química física de la Universidad de Copenhague, dirigía el Prof. Borge Bak, nominator de la Academia Sueca para la propuesta del Premio Nobel de Química. Recuerdo la impresión que me producía al principio ver y escuchar en el laboratorio y seminarios a científicos como Gerhard Herzberg, quien por entonces recibió el Nobel de Química por sus contribuciones al conocimiento de la geometría de las moléculas.

Trabajar a nivel competitivo con científicos de distintos países, compartiendo
laboratorios, equipos y seminarios era una experiencia dura en las primeras semanas. Pero, como Cajal nos enseñó, “solo luchando con los fuertes se llega a ser fuerte.”

El Prof. Bak me consiguió plaza en el Egmont Kollegium, espléndida residencia
situada a dos minutos del Instituto Ørsted. Pude así conocer y vivir a fondo la muy diferente sociedad de los países nórdicos, tan exóticos, entonces, para un joven español.

Disfruté mucho con mi trabajo en Copenhague. Me familiaricé con la Espectroscopia de Resonancia de Rotación Molecular e investigué la estructura refinada del benzontrilo.

A mi regreso a España, con una generosa ayuda de la entonces Comisión Asesora de Investigación (diez millones de pesetas de aquella época) pudimos montar un laboratorio de espectroscopia de microondas en la Universidad de Valladolid y organizar un simposio internacional con participación del Prof. Bak y su grupo de trabajo.

De nuevo en la encrucijada.

Tras la correspondiente oposición y concurso, llegué a la Universidad de Santiago, entonces la única de Galicia.

Tuve opción de elegir entre esa universidad y otra. Elegí Galicia.

Mi madre, Julia, había ejercido muchos años antes, como Maestra Nacional en una modesta escuela unitaria de la Terra Cha. Me dijo: “Verás qué bien vas a estar en Galicia. Son muy buena gente.” Una vez más, Señor Rector, lo estoy comprobando. Estos días, en los medios de comunicación gallegos se me han atribuido calificativos como ‘Un gallego de Palencia” ó ‘Químico galego de adopción’. Acéptoo encantado, pois como tal séntome. Lamento que
mis padres no puedan ya estar aquí.

El Nobel George Porter escribe: A la química podemos acercarnos desde dos
perspectivas, estática y dinámica; la primera relacionada con la estructura espacial de las moléculas, la segunda con los cambios en el tiempo de esas moléculas.

Desde la perspectiva geométrica de la Química en Copenhague, a otra que ya me era familiar: la Cinética Química. De la geometría molecular al estudio de mecanismos que transcurren en el tiempo.

La entrada del tiempo en el escenario de la Química a principios del siglo pasado fue un episodio trascendente: El primer Nobel de Química le fue otorgado a van’t Hoff en 1901 y el tercero, dos años después, a Arrhenius.

Un siglo más tarde, en los primeros años de nuestra década (de la mano de Davies y Lloyd, principalmente) la vida, para llegar a ser, ha empezado a verse no como una complicada red de reacciones químicas intermedias, sino como surgida directamente del mundo atómico. Vista desde esta perspectiva, la vida sería Q-Life, replicación cuántica, más selección natural. Los mecanismos químicos se encontrarían así pasando de la escala de los milisegundos (copiado material a nivel molecular) a replicaciones a nivel atómico (escala de
los femtosegundos).

De nuevo la Química entre la Física y las Ciencias de la Vida.

Cuando me incorporé a la Universidad de Santiago los nitroso compuestos eran, y siguen siéndolo hoy, moléculas de atención interdisciplinar.
Sobre la Química de los nitrosocompuestos nosotros (no yo, nosotros; en esta sala hay colegas de las tres universidades de Galicia que pueden hablar en primera persona) enfocamos nuestro trabajo que a lo largo de los años, ha conducido -sigue haciéndolo en Galicia y Salamanca- a numerosas publicaciones, proyectos de investigación europeos, nacionales y autonómicos.

Me siento feliz de ver aquí a algunos de los protagonistas de ese trabajo y de los que han seguido otras líneas de investigación. Otros ya nos dejaron, haciendo verdad la melancólica meditación de Menandro: “Quem dii diligunt, adolescens moritur.” En este acto tan emotivo para mí quiero rendir homenaje a su memoria.

Rector Magnífico, queridos colegas y amigos: Con la investigación, la docencia forma parte del binomio esencial de la tarea universitaria. Voy a terminar refiriéndome a ella.

Sherwood Rowland, Nobel de Química, fallecido el año pasado, recuerda que cuando llegó a la Universidad de Chicago como estudiante y buscaba orientación entre los estudiantes veteranos, le aconsejaron: «Vete a cualquier clase de Fermi, da igual de lo que hable». Eso orientó su futuro.

A lo largo de mi vida he recordado con frecuencia una pregunta que planteaba un egregio lucense, el Dr. Rof Carballo, padre de la Medicina Psicosomática, a quien tuve la suerte de escuchar en más de una ocasión: “¿Por qué, algo explicado muy claramente en un texto, el alumno no lo hace suyo, no lo entiende, hasta el encuentro con el profesor?

Emilio Lledó, con soberana elegancia, nos da respuesta: «Sólo a través de las
palabras podemos llegar a la inteligencia de los hombres, a la inteligencia y a su mundo afectivo. Porque las palabras transmiten informaciones, pero también despiertan sentimientos, provocan actitudes, convencen, paralizan, arrastran».

George Steiner es uno de los pensadores más lúcidos de nuestro tiempo. Ha escrito: Rabonim, rabino, no es ni sacerdote ni hombre consagrado, sino algo mucho más humilde: profesor. “Ser profesor es una vocación absoluta.” Y continúa: «Tener alumnos que son mucho más capaces que uno, que son más rápidos, más profundos, más creativos, que hoy están en primer plano, es para mí un privilegio absoluto.

Es entonces cuando todo adquiere sentido, cuando sé que he sido útil»
Hago mías, plenamente, esas palabras. Por eso me alegra ver aquí caras de brillantes colegas de distintas ramas de la Química, otrora estudiantes en aquella venerable Aula Noble de Química física de Santiago. ¡Gracias, muchas gracias, por haber venido!

Gracias también a todos Vds. por su amabilidad de acompañarme en una ocasión tan emotiva para mí.

Señor Reitor, Consello de Goberno da Universidade de Vigo: Grazas outra vez pola honra que me outorgades. Como novo Doutor deste Claustro, ofrézome sinceramente para calquera colaboración que estea dentro das miñas posibilidades e que poida redundar en beneficio desta que, desde hoxe, é  tamén a miña universidade.

Moitas grazas.”